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lunes, 20 de junio de 2011

No bajéis la guardia


Ahora que parece
que por fin la gente tal vez
tine una sonrisa enorme y un Sol en la cara
gigante y cálido,
y muchas
parece que tal vez
han tomado las calles,
gritan por las calles,
caminan juntas por las calles
y se sientan en las plazas a sencillamente hablar,
ahora,
sólo tengo que decir
que los sábados ya no me tortura la resaca,
no,
y que aparte de la esperanza
la utopía
los versos o el vino y las rosas
y todo eso con un largo etcétera
(no por ello menos emocionante)
tengo que decir:

Que tenemos que estar preparadas.
Ellos golpean fuerte y cruel.
Si nos tumban (y lo harán)
hay que levantarse rápido,
reorganizarse rápido,
luchar rápido y bien.

Estáis sobre aviso:
no bajéis la guardia,

ni por un instante

martes, 7 de diciembre de 2010

El escaramujo también

Poca gente puede identificar con claridad
el impulso primero, inevitable
que les llevó a escribir.

Yo sí puedo.

Fue a mis trece o catorce años.
Quedé hondamente impresionado
cuando un amigo, mayor que yo,
(arrastraba ese aire bohemio e inseguro
de la adolescencia tardía,
y se hacía el entendido
en ginebras y noches,
siempre con un cigarrillo encendido)
me enseñó sus poemas.

Eran poemas a la mujer primera,
y, en uno de ellos,
cada estrofa terminaba con el siguente verso:
"el escaramujo también".

Ni aún hoy, ya más de diez años después
he averiguado qué cosa sea un escaramujo.
Pero ese verso me emocionó profundamente.
Ese verso ha estado ya más de diez años
en mi cabeza, como una semilla
tierna y literaria,
y ha germinado y ha crecido y ha dado frutos.

Sólo me falta que alguien, al leerme,
encuentre una semilla en mis letras:
y luego, y aunque de otro (pero para siempre)
ese árbol será siempre mío.

Y el escaramujo también.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Plástico

A veces al comienzo de la noche
con dos latas de cerveza vacías sobre la mesa
y otra a medio beber
y un cenicero con dos colillas
y un cigarrillo a medio fumar
el alma la pulsión el rayo
lo que sea
no sabe si entrar o salir de mi cuerpo.
Es la tristeza.
Una tristeza leve y escorada,
como de mithril.

Suena Black Sabbath,
de fondo.

Las ideologías, en este momento extraño,
todo lo que mastico y pienso,
mis cuitas que a nadie importan
(porque no son importantes)
parecen hechas de plástico barato.

Y seguramente ésa es su sustancia.

Cuando los periódicos no sean de papel
ni los libros
en ese preciso instante
espero estar muerto.

A veces al comienzo de la noche
pienso:
“Si tu piel tocara mi piel ahora...”

Pero tu piel no está conmigo

lunes, 21 de junio de 2010

La palabra

Surge poco a poco.
Pero inexorable.
Al principio, hay que darle salida
poco a poco,
para que no se agote.
La poesía basta.
Poco a poco,
pero hay que darle salida:
si no, sólo queda
el silencio
o la locura.
Luego mana como un torrente,
la palabra.
No lo pongas diques.
Espoléala.
Usa el alcohol o el sexo
o lo que tengas más a mano.

Y no la dejes escapar:
aunque quisieras, no podrías